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Fiestas de esperanza

Thursday, December 24th, 2009

En esta epoca la gente está contenta y ansiosa porque se celebran fechas importantes que prestan la oportunidad para expresar nuestra alegría y esperanza por algo mejor para el futuro y a la vez crea espacios para compartir nuestro tiempo y nuestra alegría con nuestras familias y nuestros amigos.

No tenía muy claro como expresar esto a la comunidad de escaladores en un lenguaje y forma que, sin perder ese toque escalador, expresara esa alegría. Dandole vueltas a textos y fotos reencontré esta historia que he leido mil veces antes y que creo que expresa la infinita esperanza humana.

Nanga Parbat. Su cumbre es custodiada por la vertiente del Rupal, la pared de montaña más alta del mundo. Una pared asesina, escarpada, azotada por tormentas y avalanchas. Cuatro japoneses intentan subirla. Entran en el empinado corredor llamado Merkl. Se desata una tormenta. Los hombres no regresan. En el campamento base, el resto de su grupo espera… y espera… Antes de abandonar la montaña, suben por las cuerdas fijas hasta 6,700 metros y dejan un petate con material, comida y abrigo, un gesto que se sobrepone a la esperanza, una ofrenda a los muertos.

Varios años más tarde, cuatro norteamericanos intentan la misma montaña por la misma pared. Están en el corredor Merkl, a 360 metros de la cumbre. Uno de ellos está afectado de mal de altura. Empeora el tiempo. Abandonan. La nieve que se va acumulando comienza a producir pequeñas avalanchas que los alcanzan. Una, mucho más grande que el resto, lo

s barre de la pared. Su cuerda aguanta. Colgados de la montaña de un solo tornillo de hielo, asfixiados por la nieve, esperan con pánico que el tornillo ceda de un momento a otro y les llegue la muerte. Cuando la avalancha se detiene, el rostro del hombre enfermo mira hacia arriba, pero tiene los parpados cerrados y helados <<Me iba a desatar - les dice a sus amigos -, y acabar con esto>>.

Hora tras hora luchan para bajar de la montaña. A eso de las diez de la noche, salen del corredor Merkl y alcanzan un resalte desplomado que les ofrece protección. Dos de ellos recuperan las cuerdas del último tramo del corredor. <<¡Voy a soltar las cuerdas!>> grita el que está arriba. Ha decidido destrepar por miedo a que se enganchen al tirar de ellas en diagonal. El viento se lleva parte de sus palabras. Su amigo le entiende mal. Oye una orden. La obedece. <<¡Vale, las suelto!>> le contesta a gritos. Sus cuerdas, sus cordones umbilicales con la montaña, con la vida, vuelan por el espacio.

Tienen dos opciones. Quedarse donde están y morir congelados o intentar lo imposible: descender la pared del Rupal sin cuerdas.

Es de día. Cuatro puntitos se pegan a la montaña gracias a unas pequeñas puntas de acero: sus crampones y piolets. No hay red de seguridad. Un simple resbalón y caerán 3,000 metros. Las posibilidades de que sobrevivan son insignificantes. De pronto, ven un petate colgado en la pared. Esta blanqueado por el sol, andrajoso. Tiene escritos caracteres japoneses. Lo rajan para abrirlo. Afloran sesenta pitones. Una docena de tornillos de hielo. Tabletas de chocolate. Una tienda, Un hornillo. Dos cuerdas nuevas de 50 metros. Una ofrenda de los muertos“.

¡¡¡ FELICES FIESTAS !!!