Ir al cerro
Thursday, October 14th, 2010Enrique Prochazka, viejo escalador y destacado escritor, envió hace poco un correo a un grupo de correo local, con un relato que les dejo a continuación.
Inesperadas pedagogías del cerro
Empecé a subir cerros con mi papá, a los tres años de edad. Ya mayor pasé de las laderas terrosas a las paredes de roca moderada y más tarde al hielo difícil, de allí hacia las modernas gimnasias sobre piedras y luego paredes de plástico, durante treinta intensos años en los que, felizmente, no se me ha muerto nadie. Sólo me rompí algunos huesos y no tuve que aprender nada grave pero sí algo importante: que la mejor parte de un cerro es la que nadie conoce.
Hace poco, casi al mediodía, junté un poco de material de escalada y me fui a escalar con mi tercer hijo, Daniel, un niño de once años pequeño para su edad. Daniel usa anteojos, no lee libros ni revistas, entiende no sólo al dinosaurio sino también a su nicho evolutivo, no es demasiado pulcro con sus cuadernos, ve muchísimo YouTube, tiene nivel 68 en World of Warcraft y está empezando con Assassins’ Creed.
Daniel es fuerte, parlanchín y curioso. Le gusta dar saltos mortales hacia delante sobre colchonetas y hacia atrás sobre camas saltarinas. Cada día escala durante un par de horas los doce metros de la palestra artificial de su colegio. Esta vez íbamos a probar un poco de the real thing.
La ruta a la que lo llevé tiene trescientos metros: la altura de la Torre Eiffel. Conduce a la cima de un cerro del que después se puede bajar caminando. Escalando solo y a toda velocidad yo la he subido en 55 minutos y bajado en 25. Acompañado de un escalador adulto competente, esos tiempos se duplican. Calculé que a mí y a Daniel nos tomaría unas cuatro horas.
Pero Daniel y yo hemos escalado la vía y descendido de vuelta al auto en diecisiete horas, incluyendo una imprevista noche al raso: sin comida ni abrigo. Durante esas horas padre e hijo hemos encontrado y afinado dos o tres rutinas diferentes de escalada a medida lo requerían las condiciones. Hemos trabajado juntos, hemos hablado de los muros precolombinos de la cima, de los cuásares, de dinosaurios, grillos y arañas. En distintos momentos, agotado, el niño me ha dicho que ha sido el peor y el mejor día de su vida. Todo a causa de errores de planeamiento: errores míos cuyos costos teníamos que pagar juntos. Toda esa dureza recayó, injustamente, sobre él.
“Quisiera que nos saque un helicóptero” dijo, exhausto y al borde de las lágrimas, el jugador de nivel 68 en WOW.
“Eso no sucederá” -lo abracé, sentados en la noche absoluta, en un palmo de roca en la cima de la torre Eiffel- “Si vamos a salir de aquí sanos y enteros, será porque pusimos juntos nuestro talento, experiencia y capacidad, y porque ni padre ni hijo nos vamos a rendir, OK?”
Quizá eso fue demasiado Hallmark Channel. Pero eso no quita que fueran las condiciones precisas que nos imponía la realidad: y la escalada es una clase magistral en Realidad.
Daniel y yo dormimos a medias en una pequeña oquedad, en el descenso, de una a cuatro de la mañana, bajo la lenta constelación de Scorpio. Luego clareó tras las montañas un cuarto menguante de Luna que nos facilitó el descenso. Llegamos al auto a las 7am.
Le preparado un desayuno y lo he dejado en su casa, infinitamente sucio, cansado y feliz. Y también sabio. Con la misma lección que aprendían esos hirsutos caballeritos cuyos padres los sacaban a cazar mamuts o bisontes o ballenas blancas un poco demasiado temprano. Y ésa era la lección para los padres.
Hé aquí la versión edupunk de aquellos aprendizajes. Yo también aprendí, habiendo pasado algunas de las mejores horas de mi vida con mi hijo. Él ha vuelto a los doce metros de la palestra de su colegio. Es obvio que ahora los mira con otros ojos. También a WOW.
Finalmente (y de la razón de esto no tengo ninguna pista) ha mejorado notablemente su caligrafía.
Máster Varones
De acuerdo a conversaciones con los organizadores de la compe en Huari, mediadas por el vocero de la CONAMONT, nos han comunicado que hay 10 cupos, que incluyen transporte y estadía, para los deportistas de Lima. Para tal fin hemos creido conveniente convocar a los deportistas más representativos considerando su actuación en las últimas competencias.






